Carol: ¡Lo veo imposible! Siempre hay que ceder un poco para adaptarse a los demás e igualmente los otros deben transigir en bastantes cosas.
Esther: Yo creo que casi siempre es uno el que cede y otro el que lleva la batuta ¡He ahí el problema!
Carol: Sí, eso suele ser lo habitual. Uno piensa y manda, el otro se relaja y obedece. Una personalidad dominante y otra sumisa. El dominante mueve al sumiso; que suele ser más parado e indeciso, el sumiso relaja al dominante y ambos se complementan.
Esther: Pero no debería ser así porque ambas partes salen perdiendo a la larga en la relación. Creo que sería bueno para los dos desarrollar su otro lado. Yo lo veo como el ying y el yang. Al dominante le falta ying (elemento femenino o interiorización) y al sumiso yang (elemento masculino o fuerza).
Carol: Sí, el fuerte se acostumbra a que alguien cumpla sus peticiones, necesita mucho la compañía del “débil” y puede volverse muy manipulador para obtenerla. El sumiso se acostumbra a no pensar y se olvida de sus gustos, sus necesidades y se vuelve en exceso dependiente, con lo cual fácilmente acaba en plan quejica y exigiendo la atención que cree muy merecida al ceder tanto.
Esther: ¿Crees posible que ambos cambien un poco y se acerquen de una manera más desinteresada? Porque en el fondo hablamos de una simbiosis porque ambos cubren sus carencias con el otro.
Carol: Por mi pequeña experiencia, cuando el sumiso se vuelve más fuerte normalmente se rompe la relación, ya que el dominante no puede salirse con la suya y que el dominante se vuelva menos exigente eso aún no lo he visto, pero todo es posible…
Esther: Si hay cariño, en esta vida hasta los más opuestos pueden acercar posturas, no me cabe la menor duda.
Carol: Quizás ese sea el problema, que la gente muchas veces no se complica la vida y en vez de hacer el esfuerzo de mejorar un poco, prefieren cambiar de compañía y seguir con el mismo papel en las relaciones.
Esther: Es lo más cómodo…
